Publicado: 24 noviembre 2024 a las 1:34 am
Categorías: Interés General / Literatura Juvenil / Publicaciones
Autora: Kristine Drowne
¿Existe espectacularización en la cobertura cultural de nuestros medios de comunicación principales? ¿De ser así, es por tendencias del mercado o la balanza se ha ido inclinando en esa dirección con el pasar de los años por el avance de las nuevas tecnologías y la globalización del capitalismo neoliberal? ¿Se han convertido los medios en grandes máquinas de hacer dinero con contenido light y digerible?
En el presente trabajo de investigación, Kristine Drowne nos lleva por un recorrido impecable a través de la historia del principal periódico de Puerto Rico, El Nuevo Día. Llamado El Diario de Puerto Rico en su primera edición de 1909, luego El Día en 1911 y finalmente anclándose en 1970 al nombre actual, el medio ha pasado por un sin número de transformaciones de todo tipo. A través de su evolución, las secciones han ido cambiando de matices, priorizando en una u otra dirección distintas perspectivas. La fusión de las secciones de cultura y entretenimiento son un ejemplo de este fenómeno.
Kristine Drowne nos presenta la importancia de la cultura para cualquier sociedad, tal como expresa la misma autora, dándonos [la cultura] sentido y siendo crucial para nuestra supervivencia en temas tan medulares como los valores o las prácticas simbólicas. Pero, ¿quién la define? He aquí un hito que lleva a revalorizarnos como receptores pasivos de información. La cultura y su dualidad contemporánea –instrumento de poder y a la vez mercancía– versus su rol social de educar e informar a la sociedad provoca una simbiosis que hace imprescindible su disección.
La sección cultural dio en su momento un aire sofisticado al periódico, pero se ha ido rediseñando atemperada a las necesidades del mercado capitalista moderno y a las tendencias que marcan las redes sociales. El libro que tienen en sus manos provee un retrato nítido, pero sobre todo necesario del proceso con un análisis exhaustivo y acertado.
–Dr. Ernesto Chévere Hernández.
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