Publicado: 10 marzo 2026 a las 4:13 pm
Categorías: América / Noticias
Una de las voces centrales de la narrativa en español de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, el novelista peruano Alfredo Bryce Echenique dejó de existir el martes 10 de marzo a los 87 años, según confirmaron fuentes de la Casa de la Literatura Peruana.
Bryce Echenique nació en Lima el 19 de febrero de 1939 en el seno de una familia acomodada de la élite capitalina peruana. Su padre fue Francisco Bryce Arróspide y su madre Elena Echenique Basombrío; por línea materna descendía del ex presidente peruano José Rufino Echenique.
Se educó en Lima, primero en el Inmaculado Corazón y luego en otros colegios que más tarde reaparecerían, transformados por la memoria y la ficción, en sus libros. Estudió Derecho y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y esa doble formación —humanística y jurídica, aunque pronto inclinada por completo hacia la literatura— acompañó sus primeros años de escritura.
En 1964 viajó a París con una beca del gobierno francés. Estudió en la Sorbona, pasó temporadas en Italia, Grecia y Alemania, enseñó literatura hispanoamericana en universidades francesas y terminó por convertir el exilio, la errancia y la nostalgia en uno de los grandes núcleos de su obra. Durante décadas vivió entre Europa y América, con largas estancias en Francia y España antes de regresar al Perú.
Su primer libro fue Huerto cerrado (1968), un volumen de cuentos que ya dejaba ver algunas de sus constantes: el tono confesional, el humor herido, la fragilidad sentimental de sus personajes y una mirada oblicua sobre la clase alta limeña. Pero la consagración llegó con Un mundo para Julius (1970), novela que se volvió de inmediato una referencia de la narrativa latinoamericana contemporánea.
La novela, con la que obtuvo en 1972 el Premio Nacional de Literatura del Perú —además de situarlo en el mapa literario internacional—, narra la infancia de un niño de clase alta que percibe, desde la inocencia, la violencia social y moral de su entorno; esa combinación de ternura, sátira y crítica de clase quedó como una de las marcas más visibles de Bryce y como una de las imágenes más perdurables de la literatura peruana del siglo XX.
A esa novela siguieron Tantas veces Pedro (1977), La vida exagerada de Martín Romaña (1981), El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), La última mudanza de Felipe Carrillo (1988), Dos señoras conversan (1990), No me esperen en abril (1995), Reo de nocturnidad (1997), La amigdalitis de Tarzán (1999), El huerto de mi amada (2002), Las obras infames de Pancho Marambio (2007) y Dándole pena a la tristeza (2012).
También cultivó el cuento en colecciones como La felicidad ja ja (1974), Magdalena peruana y otros cuentos (1986), Goig (1987; relato infantil en coautoría con la escritora salvadoreña Ana María Dueñas y dibujos de Sonia Bermúdez), Guía triste de París (1999) y La esposa del rey de las curvas (2009). Su producción en este género ha sido recogida en Todos los cuentos (1979) y Cuentos completos (1995).
Sus Antimemorias, que dan cuenta de buena parte de su decurso vital, comprenden tres volúmenes: Permiso para vivir (1993), Permiso para sentir (2005) y Permiso para retirarme (2021). Además dejó libros de crónicas, historias autobiográficas y recopilaciones de ensayos y artículos.
Aunque con frecuencia se lo menciona como uno de los autores del boom, Bryce Echenique pertenece más propiamente a la generación posterior. Fue uno de los grandes narradores hispanoamericanos de la intimidad y del desarraigo. Su trayectoria no estuvo exenta de polémicas: en 2009 fue sancionado en Perú por la apropiación de textos ajenos, un episodio que no dejó de eclipsar su imagen pública.
Con todo, su lugar en la historia literaria peruana e hispanoamericana quedó asegurado por la fuerza de sus novelas y cuentos. Recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Casa de las Américas en 1968, Premio Nacional de Narrativa de España en 1998, el Premio Planeta en 2002 por El huerto de mi amada, el Premio Grinzane Cavour en Italia ese mismo año y el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en 2012.
Fuente: Letralia
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